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Jorge Todesca, titular del Indec, aseguró que el PIB creció 2,1 por
ciento el año pasado, desmintiendo a los funcionarios de Cambiemos que
decían que la economía estaba estancada. Las cifras fueron revisadas por
las nuevas autoridades del organismo.
“Hace cuatro años que la Argentina no crece”, repitieron como un
mantra los referentes económicos de Cambiemos a lo largo de la campaña
electoral. La fórmula utilizada sin vacilaciones por los más encumbrados
funcionarios, como Rogelio Frigerio, Alfonso Prat-Gay, Marcos Peña y el
propio presidente Mauricio Macri quedó obsoleta ayer cuando las nuevas
autoridades del Indec difundieron las estimaciones revisadas del PIB
para 2015. “Se hicieron las cuentas y dan este número. No trabajamos
para que los resultados den para atrás. Hicimos una revisión
profesional”, aseguró el titular del Indec, Jorge Todesca, al informar
oficialmente que la economía argentina creció 2,1 por ciento durante el
último año de la gestión kirchnerista.
Para llegar a un crecimiento promedio de 2,1 en 2015 el Indec revisó
las cifras oficiales que ya habían sido difundidas por la gestión
anterior. En el primer trimestre la nueva administración pasó de un
crecimiento de 2,1 por ciento a una contracción de 0,3 por ciento y los
datos para el segundo trimestre treparon de 2,2 a 3,9 por ciento. Si
bien en el tercer trimestre se registró una mejora de 3,5 por ciento (el
gobierno anterior no había llegado a dar ninguna cifra para este
período), esa reactivación desapareció hacia finales de año como
consecuencia de “una severa tendencia declinante que llevó a un pobre
desempeño entre octubre y diciembre”, del 0,9 por ciento, de acuerdo a
la interpretación del Ministerio de Hacienda y Finanzas, que emitió un
comunicado para intentar explicar cómo el 2,1 por ciento de crecimiento
en realidad es un dato negativo.
“Los datos muestran una recuperación transitoria del PIB en la
primera parte del año, seguida de una importante caída en la segunda
mitad del año, concentrada en los sectores productores de bienes, los
más afectados por el atraso cambiario y las diversas trabas (impositivas
y administrativas) del régimen anterior”, indicó el ministro Prat-Gay
en ese comunicado donde, por ejemplo, ignoró deliberadamente la
incidencia de la recesión brasileña, la fuerte desaceleración de China
sobre el nivel de actividad y el impacto del anuncio de la devaluación
que hizo Cambiemos en noviembre y concretó en diciembre. En ese escrito
el funcionario señaló que el cambio en el comportamiento en la última
parte del año pasado respondió a “fuertes caídas desestacionalizadas en
los dos últimos trimestres” y afirmó que “la actividad económica habría
caído a un ritmo superior al 4 por ciento anual en el último trimestre
de 2015”. Sin embargo, esos datos no figuran en el informe oficial del
Indec.
Estadísticamente improbable, tal explicación del desempeño
macroeconómico para el segundo semestre del año permite legitimar el
combo de políticas implementadas por el equipo económico: salto
cambiario del 60 por ciento, desregulación del sistema financiero,
eliminación del esquema de administración comercial y la minimización de
las retenciones.
La creatividad del Palacio de Hacienda a la hora de construir
estadísticas, el mismo comportamiento por el que denunciaron a sus
antecesores, le permitirá al gobierno de Macri mostrar una “reactivación
económica” durante el primer trimestre del año. A pesar del impacto
recesivo de la megadevaluación sobre el poder adquisitivo de los
asalariados, el aumento en el desempleo y el ajuste del gasto público,
el impulso del complejo agroexportador motorizará la mejora estadística.
Si bien el informe del Indec fue escueto, el comunicado de Prat-Gay
ofreció algunas precisiones. En un intento por cuestionar la función
contracíclica de la política fiscal y defender la reducción del déficit,
el texto del equipo económico reconoció la relevancia del gasto público
para impulsar la demanda cuando el resto de los factores –inversión,
comercio exterior y consumo privado– apuntan hacia abajo. “La caída
desestacionalizada del PIB a partir de mediados del año pasado se
produjo a pesar del continuo crecimiento de los sectores relacionados
con el gasto público que es la contracara de un déficit fiscal
creciente”, sostiene el comunicado. “Juntamente con el crecimiento de
los sectores relacionados con el gasto público se verifican, en otros
sectores de actividad, retrocesos que explican la caída
desestacionalizada del PIB desde mediados de 2015. Son principalmente
los sectores productores de bienes, tanto la industria, el agro, la
minería y la construcción, los que muestran variaciones interanuales
decrecientes en esa segunda mitad del año”, concluye.
Los datos del PIB divulgados por el Indec sobredimensionan con más
crecimiento y una desaceleración abrupta el ciclo proyectado, con menos
recursos, por consultoras como OJF del economista Orlando Ferreres. El
comportamiento relevado por el Indec implica que las series sin
estacionalidad –no fue publicada ayer– debe mostrar mucha volatilidad,
toda una rara avis para un indicador elaborado con las abultadas bases
de datos de las cuentas nacionales. Sin una crisis como fue el estallido
de la convertibilidad en 2001-2002, ese tipo de subas y bajas
pronunciadas son esperables en estimaciones alternativas elaboradas con
series de datos acotadas.
El Indec no informó cuándo estarán disponibles los datos
correspondientes a las otras formas de cálculo del PIB que permiten por
ejemplo evaluar el desempeño del consumo privado, el sector externo, la
inversión y el sector público. El Palacio de Hacienda señaló que la
serie completa será publicada “a mediados de año” mientras que el
organismo estadístico comunicó que “en el próximo informe, las
estimaciones preliminares de Cuentas Nacionales correspondientes al
primer trimestre de 2016 se dará a conocer el 29 de junio”.
Con esos guarismos el Indec estimó un desempeño del nivel de
actividad que supera los cálculos realizados por consultoras de la city
porteña, la Unión Industrial Argentina y el Fondo Monetario
Internacional. La cifra global se ubicó en sintonía con las proyecciones
realizadas por el kirchnerismo.